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lunes, 13 de abril de 2009

Improvisando

No tengo claro que decir... tal vez solo es claro tu rostro desdibujandose lentamente en mi memoria, pero aun falta para que desaparezca... tengo tus ojos tatuados en mi cabeza, tu sonrisa en el alma... tu voz en mis oidos... y tus besos en la espalda... a menudo me recorro, me detengo, te recuerdo... y tu mirada me desarma... te tengo detro de mí... y fuera de mi alcance.Como si fueras mi acto improvisado... el mejor de los actos... el más corto... con palabras andantes, fugaces, tibias como tu aliento.

Quise deslizarme por tus sabanas, quise dormir a tu lado... quise amanecer sonriendo... abrí mis ojos... ya no estabas ahí... te me fuiste desvaneciendo... como mi acto improvisado que se olvida en el tiempo.

martes, 28 de octubre de 2008

Javier

Mis pestañas rozan con el ojo de la cerradura, creo que me acerqué demasiado pero necesito observar mejor lo que sucede en el cuarto; el armario es un buen sitio para ocultarse. Desde que muy pequeño siempre me había gustado jugar en el cuarto de mi hermano Juan, su armario era grande y lleno de trebejos que se convertían en mis naves espaciales, criaturas extrañas y doncellas por rescatar, además también me gustaba el olor a hierba… más tarde descubrí que era marihuana.

Pero hoy es una excepción, ya no soy un niño, mucho menos me gusta jugar allí… el hecho es que esta semana se queda en casa una amiga de él, según ellos no son novios pero he visto como bajo la mesa ella toca con la punta de su pie los genitales de Juan, como acaricia su miembro mientras se pone erecto debajo del mantel y ella baja una mano y corre un poco su tanga para meter sus dedos en la vagina. A mi la escena realmente me excita, imagino a Ana con sus delicadas manos pintadas estilo francés agarrar mi pene y masajearlo, su rosada boca formar una “O” del tamaño suficiente para que mi prepucio quede aprisionado en su calidez y su larga lengua se deslice por cada comisura de este.

Ana sabe que estoy aquí, ayer me descubrió; aunque parece que le excita que la vea… de cuando en cuando lanza una mirada a la cerradura y sonríe mientras sentada sobre mi hermano sube y baja introduciéndose su verga una y otra vez y diciendo palabras sucias al oído de él. Mí mano dentro del pantalón no para de moverse arriba y abajo mientras siento cada vez más calor, unas cosquillas suaves se apoderan de mi miembro… trato de aguantarme pero Ana cada vez más excitada logra venirse dando un grito y estremeciéndose; no logro contenerme, muerdo mis labios para evitar hacer ruido y el semen queda en mi mano.

Juan va a ducharse… salgo silenciosamente con cara de complicidad, una mano empuñada escondiendo el líquido viscoso y la otra tapando la erección que aun tengo… una mirada directa a los ojos y ella viene a mi, abre la mano y la lame, mientras sube una pierna y con sus manos introduce mi pene en ella siento que voy a estallar; esta cálida, húmeda, deliciosa… no pienso en nada más que poseerla, mientras Juan esta duchándose… yo me tiro con tal descaro su novia… beso los senos, toco su piel, apretó las nalgas, entro y salgo a mi antojo, cada vez más duro. No tardo mucho en llegar… ella se contiene los gritos qué antes dejo escapar y yo la apretó fuerte del cabello dando mi última entrada dura y bruscamente mientras siento como me vengo… me separo de ella y salgo de allí, mientras camino por el pasillo oigo a mi hermano salir del baño.

lunes, 28 de julio de 2008

Emanuelle

Esa noche particularmente después de tanto verano, llovió; se oían caer las gotas sobre los techos, en la calle los autos trataban de esquivar el fuerte torrente. Pero eso para ella no era impedimento, no quería perder más tiempo. Abrió el closet, sacó unos jeans, su blusa favorita, esa que tenia el escote profundo en al espalda y unos tacones rojos. Se dio una ducha con agua caliente, esa noche sería especial así que uso esencias en el baño.

Se puso un sostén y unas bragas negras semitransparentes, aunque sabía que no las necesitaría, se vistió rápidamente… se sentó frente al tocador peinando su cabello y se maquilló, uso su lipstick rojo, mientras lo aplicaba sintió ese miedo que siempre la invadía; se miró en el espejo y vio su rostro un poco más delgado, una lágrima rodó por su mejilla y murió en sus labios, pensó en como dejó que la vida se el fuera sin hacer nada y ahora que anhelaba vivir con más fuerzas que nunca, el médico le había dicho que estaba desahuciada y no había nada que hacer, por eso abandonó el hospital para que quedarse allí, prefirió vivir con intensidad lo que le quedara de existencia; sabia que no tenía fuerzas suficientes para salir pero era hoy o nunca, en cualquier momento su cuerpo desfallecería y no quería morir sin saber siquiera su nombre.

Salió de su casa y tomó un taxi.

Entró allí buscándole desesperadamente con sus ojos… le vio en la barra, fue hacía allí; finalmente le tuvo en frente y pensó en por que había tardado tanto en acercarse, tanto tiempo viéndole desde el otro lado del salón, tanto tiempo anhelándole, queriéndole en silencio; como le hubiese gustado haber compartido más; más que aquella noche llena de lujuria y pasión… mas vida para estar allí a su lado. Se durmieron ya entrada la madrugada.

Emanuelle no supo cuando su corazón se detuvo, no supo que hora era… quizás soñó un túnel o una luz brillante, tal vez una voz que le llamaba; lo único cierto para ella esa noche es que fue feliz por que le entrego hasta su ultimo aliento a aquella Chica Egipcia que siempre amó. Murió sin nada que lamentar.